
Nina
Antonina, Nina para los amigos, lleva lo de emprender en la sangre; hace 21 años se mudó a Oviedo desde su Acarigua Natal y ha sacado adelante desde un locutorio hasta una quesera; alli la conocí hace casi 8 años, haciendo queso llanero y tequeños; fue la primera venezolana que conocí en Asturias y desde entonces admiro su gran capacidad de trabajo y disposición para ayudar a todos los venezolanos que la contactan.
Nina lleva muchos años vinculada al mundo de la gastronomía y la hostelería, a pesar que su formación está muy alejada de ese mundo; de profesión Nina es maestra de preescolar; además de la quesera que tenía con su esposo Juan Carlos: “Maestro Quesero” también atendía en su restaurante “La Churuata” a los pocos venezolanos que habia entonces en Asturias que deseábamos comer cachapas, tequeños y otras delicias venezolanas, es la referencia obligada en Oviedo y alrededores para comprar las hallacas y el pan de Jamón en Navidad
Lo suyo siempre ha sido un negocio familiar; desde muy pequeños sus hijos Juan Carlos y Rocio estuvieron vinculados viendo como sus padres trabajaban duro, hombro con hombro y ellos también han cumplido con su parte; además de colaborar continuamente en el emprendimiento de sus padres estan a punto de obtener sus grados universitarios; la familia de Nina es muy unida y trabajadora, enseguida te hacen sentir en confianza con su trato tan cercano y cariñoso,
Hace 5 años, la salud de Juan Carlos les obligó a desistir de la quesera para enfocarse en un trabajo que implicara menos tensión para su espalda maltratada y emprendieron una nueva aventura: de Olloniego a Gijón y del queso llanero a las tortillas mexicanas; trajeron una maquina y transformaron la producción de queso en una fabrica de tortillas de maíz con todos los retos económicos y de aprendizaje que este cambio implica, comenzar desde cero significó un gran esfuerzo para la familia tanto en lo económico como en lo laboral; pero con su tesón y compromiso lo estan logrando.
Hablar de Nina, es hablar de los Morí Bálsamo en pleno; son un equipo que trabaja unido y esa unión se puso a prueba con una repentina enfermedad que mantuvo a Juan Carlos padre en el hospital durante todo el mes de febrero; Rocío y Juan Carlos, en pleno desarrollo de sus respectivos tfg arrimaron el hombro con Nina en la tortillería.
A la par que lleva a cabo la producción de tortilla de Taxco, Nina reserva dos días a la semana para elaborar sus productos preparados: tequeños, carne mechada, cochinita pibil, empanadas; con mucho esmero ella prepara, empaca al vacío y congela estos productos que ya se sirven en algunos establecimientos reconocidos en Oviedo y Gijón; su tarta tres leches es legendaria y son pocos los venezolanos de Oviedo y Gijón que no conocen a Nina.
El trabajo en la tortillería es duro y minucioso, requiere de muchos controles para mantener al día los permisos y satisfacer a los clientes; implica numerosos procedimientos y horas de pie, aun así, Nina atiende las llamadas y mensajes de sus conocidos, recomienda personas y reenvía ofertas de trabajo que llegan a sus manos; es como una hormiguita, una de las personas más trabajadoras que conozco.
A pesar de la pandemia, de las crisis, de las dificultades, Nina no ha dejado de creer que emprender es el camino, siempre cumpliendo con sus obligaciones como autónoma.


















La cocina de Nina ha mantenido a flote a la familia en los momentos más duros, especialmente durante la transición de la quesera a la tortillería, mientras aprendían a usar la maquinaria recién traída de Mexico, Nina cocinaba y despachaban productos venezolanos y mexicanos en el nuevo local con un pequeño punto de venta.
Nina y Juan Carlos llevaron sus quesos venezolanos por toda Asturias, presentándose en ferias y exposiciones, con sus hijos pequeños iban alli donde los recibieran y ahora con la tortillería en plena producción estan listos para hacerlo de nuevo; esta vez Juan Carlos hijo al frente de esta nueva ilusión desarrollando un plan de negocio y manejo de imagen para lo que viene.
Ellos no estan listos para detenerse; al contrario: piensan en crecer, con una nueva maquinaria en camino, atendiendo la tiendita y a los clientes nacionales e internacionales.
Nina es lo que se llama en Venezuela: una mujer con guáramo, al frente del negocio y sin desatender las necesidades de su familia, pendiente de la comunidad de venezolanos ayudando a cuantos conoce a conseguir empleo y orientando a todo el que le pida ayuda; así lo hizo conmigo hace casi 8 años un día que decidí tomar el autobús y recorrer casi una hora hasta su quesera en Olloniego con mis peques; inmediatamente se ofreció a freírles unos tequeños, cosa que no habían probado en varios meses desde que emigramos; sus consejos siempre han sido un tesoro para mí y sus hallacas las que me dieron el sabor a navidad los primeros años (hasta que me decidí con las mías).